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10 minutos de Kriptonita

En enero, una de las ambulancias de mi turno sufrió una colisión vehicular mientras transportaba a un paciente hacia el hospital (sin luces, ni sirena). Este no es el primer caso de accidente vehicular de ambulancia al que he respondido, o he estado involucrada, ni siquiera es mi primer caso de accidente fatal de ambulancia. Pero si fue la primera vez que respondí en calidad de supervisora de operaciones.

Cuando la primera unidad llamó por ayuda, la caballería ya estaba en camino. Yo estaba a unos diez minutos de la escena. Diez minutos normalmente son suficientes para planear la llegada a un escenario de colisión vehicular con un número determinado de pacientes. A partir de los informes preliminares, ya calculaba el número de unidades a ser despachadas, qué unidades deberían movilizarse para mantener el área de cobertura, y cuáles serían las mejores rutas de acceso – eso era de segunda naturaleza. Después, entraban rápidamente en mi cabeza un tema logístico tras otro: vehículos, equipo, personal, informes; uno tras otro iban ocupando los espacios, entre lo que sucedía con mi equipo y los informes que seguían llegando.

Al transcurrir el tercer o cuarto minuto de mis pensamientos, se me ocurrió que diez minutos no son suficientes para planificar con anterioridad cómo vamos a mantener la agencia efectiva durante las próximas 24 horas. Como el próximo paramédico en arribar a la escena, supe que cuando llegara, me encargaría de la atención del paciente – había por lo menos una víctima en estado crítico que estaba siendo extraída. Esto quería decir, que el resto del tiempo tenía que enviar algunas órdenes al resto del equipo. ¿Por dónde empezar?

Mi institución es joven, está evolucionando y se encuentra en camino de contar con personal más capacitado y mejores protocolos de respuesta. Disponemos de Procedimientos Operativos Estandarizados para calamidades que van desde siniestros por ataques de animales hasta deslaves por volcanes, esto no estaba fuera del promedio de lo que el manual dice.

En esta era, donde la seguridad del proveedor de atención prehospitalaria es primordial y existe una cultura de seguridad entorno a ello, la segunda situación más importante (luego de la respuesta) es la revisión posterior a la acción. Les voy a contar lo que sucedió minutos y horas después del accidente y lo que aprendimos para mejorar – no como individuos profesionales, sino como institución.

Dotación de personal: Con este único incidente ocupé el 25% de mi personal al menos durante las siguientes 18 horas. Como resultado de la respuesta perdimos la cobertura del área de dos vecindarios, al no disponer de unidades de respaldo, dejamos cerca de 1,130 kilómetros cuadrados (700 millas cuadradas aproximadamente) sin cobertura durante 1 a 2 horas. Afortunadamente uno de los otros jefes de departamento me llamó y me preguntó si podía hacer algo para ayudar. Mi única respuesta fue “cubrir el área descubierta”. Esto fue una bendición.

La conclusión es que si no cuenta un protocolo formal de recuperación, hay que crear uno. Utilice el método de comunicación masiva de su elección y asegúrese de que la información sea precisa y llegue a sus proveedores de atención prehospitalaria disponibles. Delegue esa tarea de manera inmediata. Aunque inicialmente solicite más ayuda de la necesaria, encontrará que los requerimientos irán cambiando con el paso de las horas. Los accidentes que involucran a miembros del servicio causan gran impacto y el personal no involucrado puede necesitar ser relevado también, finalmente.

Necesidades administrativas: La cadena de mando debe alertarse y activarse tan pronto como sea posible. El oficial de seguridad de la institución debe ser notificado para responder. Si bien nadie está pensando en el papeleo durante el incidente, el procedimiento que se siga va a influir en todo, desde los reclamos de seguros hasta el contenido en el que se enfocarán las investigaciones subsecuentes. Mientras fui capaz de salir de la escena luego de despachar un paciente por ambulancia aérea, durante la atención del incidente el jefe del SEM, quien estaba directamente involucrado con la escena y yo, no pudimos identificar claramente a una tercera persona para que nos ayudara a tomar el control.

Pase a alguien más el mando operativo: Debe disponer de una persona a quien se encargue de las operaciones regulares, hasta que usted pueda zafarse del incidente. Como todos sabemos al  9-1-1 no le interesa si usted está ocupado.

Comunicación: Se espera que la alerta temprana active la cadena de mando y uno de sus miembros se encargue del manejo de la información pública hacia los medios. Esta función de manejo de la información debe estar programada dentro del proceso de activación con su centro de despacho. El trabajo de este es informar; asegúrese de que estén debidamente informados acerca de las expectativas y avances ante un accidente que involucra a  miembros del servicio para que puedan asistirlo.

Decida con anticipación como institución, quién y cómo se va a encargar de cada función. En Alaska se incluye mucho a las redes sociales para la comunicación en estas situaciones, y debido a que nuestro sistema de radio no se encuentra encriptado, en cuestión de minutos las personas de la localidad ya conocen mucho de lo sucedido. Mi teléfono colapsó antes de estar a la mitad del camino hacia la escena y para cuando trasportámos a la tripulación de la ambulancia accidentada, ya había personal fuera de servicio esperando en las sala de emergencias.

Otra conclusión es su lista de contactos para situaciones de emergencia. Todos tenemos esta información en nuestro trabajo; ¿pero, tiene su institución un procedimiento que indica quién tiene acceso a ella, cómo y cuándo será utilizada esta información?

Recursos: Comida, lugar de descanso, servicios de apoyo - ¿Los tiene en sus instalaciones? Ahora hay ahora personal adicional, reunida una lista y situaciones logísticas a considerar. ¿Los equipos de emergencia tienen ayuda en el campo en caso de ser necesario?, ¿Usted está atento de ellos ante la posibilidad de desarrollo de estrés? ¿Los familiares del equipo accidentado necesitan transporte?, ¿El equipo de emergencia lesionado necesita transporte a casa o alguna ayuda adicional?

Perderá un vehículo de su flota, quizá de manera permanente. ¿Será confiscado para la investigación?, ¿Tiene manera de asegurar cualquier equipamiento recuperable y objetos personales del incidente? Nunca se olvide de los fármacos. ¿Requiere asegurarlos en algún otro vehículo?  

Secuelas: No espere a que algún miembro del equipo le pregunte; anticipe la necesidad de una versión de preguntas. Brinde la oportunidad a los involucrados para desahogarse. Dentro de la primer hora después del incidente, el capellán de Anchorage me llamó por teléfono y ofreció sus servicios, y para ser sincera, aún era muy pronto para darme cuenta de que eso era necesario, y sí que lo era.

El capitán Jess Young, quien viajaba en la parte posterior de la ambulancia con el cinturón de seguridad colocado de manera apropiada al momento de la colisión dice: “Yo recomendaría que todos los supervisores dispongan de un protocolo de manejo del trauma emocional para los paramédicos involucrados en el incidente”.

Considere la logística del triage cuando el equipo de emergencia se convierten en los lesionados y planifique sesiones de capacitación para ello. “Escenarios en los que te gritan o te someten a gran presión y exigen considerar tu propia seguridad y la de tu equipo, estas situaciones te preparan mejor para la toma de decisiones”, dice Young.

Hay una aversión natural ante los accidentes de paramédicos en servicio. Después de todo, somos los héroes, diseñados como invencibles. El uniforme nos hace “a prueba de balas”, la parte de atrás de la ambulancia es inmune a las leyes de la física. Creo que debemos mantener un poco de esa creencia ya que nos ayuda a alentarnos en situaciones de crisis para ayudar a alguien, lo malo es que fomenta la creencia de que no puede pasarnos nada.

Esta creencia es nuestra Kriptonita y puede matarnos. Planear la caída de nuestros superhéroes ahora nos ayudará a recuperarnos cuando suceda.

Nota del autor: para obtener más detalles e información sobre el accidente, consulte la columna de Midlife Medic. Y por el amor a Dios, utilice el cinturón de seguridad.

Tracey Loscar, NRP, FP-C, es jefa de batallón para el distrito de Matanuska-Susitna (Mat-Su) en el SEM de Borough in Wasilla, Alaska. Sus aventuras comenzaron en la costa este, donde pasó los últimos 27 años como paramédico, educadora y supervisora ​​en Newark, N. J. También es miembro del comité asesor editorial de EMS World. Póngase en contacto con ella a taloscar@gmail.com o www.taloscar.com

Traductor

Juan Carlos Salamea Molina, MD, FACS, originario de Cuenca – Ecuador, es especialista en cirugía general y segunda especialidad en cirugía de trauma y emergencias, Coordinador del Centro de Trauma y Emergencias del Hospital Vicente Corral Moscoso - MSP, profesor de pregrado de la Universidad del Azuay y tutor del Posgrado de cirugía general de la Universidad de Cuenca. Instructor PHTLS, ATLS, EsTC, DSTC. Miembro de la Sociedad Panamericana de Trauma, Cuidado Intensivo y Cirugía de Emergencias. Pasado Presidente Nacional de la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía. Fellow del Colegio Americano de Cirujanos.

Nota: Si usted observa algún error o quiere sugerir un cambio, por favor envíenos un correo a editor@emsworld.com

 

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